LLEGA EL MOMENTO DE DECIR ADIOS Y ¿ ESO COMO SE COME?

 



“Te digo adiós para toda la vida, aunque toda la vida siga pensando en ti”.
-José Ángel Buesa

 

Decir A- D-I-Ó-S es más difícil que la simplicidad de su palabra, cuando decides despedirte no sólo dejas de ver a esa persona sino que comprendes que con ella o él se van los momentos, la costumbre y la vida. Llegar a pronunciar esta palabra es el logro más grande después de una pérdida, porque para ello antes necesitas entender que no volverás a escuchar su voz, no volverás a recibir una llamada a las 3:00 am o cualquier hora del día, los intentos por verse no existirán, no habrá lugar a encuentros casuales o planeados, no volverás a escuchar su risa, no sentirás su temperatura, sus brazos ya no se estrecharan con los tuyos y definitivamente no podrás mirar sus ojos y que ellos te miren una vez más.

Es por esto que para tomar tal decisión se necesita de valentía y mucho amor, porque solo cuando amamos con nuestra alma liberamos a quien parte de nuestro mundo, resignificamos nuestra vida y aprendemos a vivir con la ausencia y el dolor. El camino al aprendizaje es pedregoso, te hace resbalar, no te evita caídas y te hace sangrar, sólo de esta manera comprendes que sentir dolor hace parte de nuestra naturaleza, que extrañar nos destruye el corazón y que anhelar ante lo que no puede ser posible se convierte en nuestro deseo más grande.

Así que, si estas intentando pronunciar esta palabra déjame decirte que mi admiración por ti es inimaginable, porque sé que muchas lágrimas te ha costado, también sé que has querido hacerlo infinidad de veces y has fallado una y otra vez, porque para tomar esta decisión no hay un límite en el tiempo, sólo sucede cuando otras necesidades llegan a nuestra vida y tomamos conciencia en que debemos despedirnos no de esa persona, pero sí del dolor, del sufrimiento cada día, de la ansiedad de no encontrar, de pensar y de necesitar; despedirnos de las noches en que no conciliamos el sueño, de la falta de apetito, la falta de vida, las ganas de sólo llorar, retroceder el tiempo y jamás avanzar.

Es por esto que después de andar por este camino, debemos realizar otra acción; despedirnos de la palabra A-D-I-O-S y pronunciar la palabra B-I-E-N-V-E-N-I-D-A , estar preparados para un nuevo inicio en donde nuestro YO haga las paces con la vida y se entregue de nuevo a ella, pero ten presente lo siguiente, esta vez no serás la misma persona, serás diferente, estarás renovado, con grandes experiencias y aprendizajes a tu espalda; seguramente te sorprenderás ávido de aventura, de otras vidas y de querer encontrar tu lugar en el mundo después de aquel evento que fracturó tu existencia.

Si estás pasando por esta situación, recuerda que es necesario que te rodees de personas que te brinden tranquilidad y estabilidad a tu vida, es necesario que tu recuperación con la vida sea tu principal motivo para continuar y seguir adelante. Pedir ayuda jamás será valorado como un signo de debilidad, al contrario, ¿cuánta fortaleza es necesaria para solicitarla? Así que no optes por el silencio, en la medida en que tus necesidades son precisas sentirás como actúan los cambios y el apoyo que deseas. Ante la adversidad no estás solo, yo estoy contigo.

¡Bienvenida seas, VIDA!

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